Quintanalara

Quintanalara, un encantador pueblo en la provincia de Burgos, se sitúa en un valle rodeado por el Peñón de Lara y la Sierra de la Demanda. 

Con una rica historia que incluye vestigios celtas y romanos, este municipio ofrece un paisaje impresionante y una profunda conexión con el pasado. Su iglesia de San Pantaleón y la tradición del carboneo son solo algunos de sus atractivos.

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Geografía

Esta pequeña localidad, perteneciente al municipio de Revilla del Campo, se sitúa a 27 Kms de Burgos al suroeste de la provincia burgalesa.

A las faldas de la sierra de la Demanda esta pequeña localidad se enclava en el valle que conforma el Peñón de Lara y la cresta del Alto Casarejo.

Se accede desde Burgos por la carretera de Cardeñadijo o bien por la de Cardeñajimeno hasta salir en ambos casos a Los Ausines. Desde allí, siguiendo la vega del río Ausin o Lara se llega a esta pequeña localidad. Desde la N-234, se puede acceder por carretera desde Mambrillas de Lara

Historia

 La historia de Quintanalara está fuertemente vinculada a la comarca de Lara. Una zona plagada de vestigios de todos los tiempos que han dejado huella en cada uno de los rincones de la localidad. En esta localidad se pueden ver restos de las civilizaciones que han pasado por estas tierras. Del neolítico podemos apreciar el Menhir de Cantohincado de origen Celta.

El imperio romano, presente en toda la comarca, llenaron la geografía de calzadas por las cuales desplazar sus mercancías. Una de estas, la que unía Lara de los Infantes, Nova Augusta con Monasterio de Rodilla, se piensa que también pasaba por Quintanalara.

No es de extrañar pues en alguna excavación de forma casual se han encontrado ladrillos utilizados para la construcción de las glorias “hipocaustum”.

Quintanalara como muchos de los pueblos de la zona aparece tras una primera repoblación entre los años 860 y 977 (Antonio Palacios, Viaje al condado de Lara), cuyo nombre aparece en el Libro Becerro (1044) como Quintana de Torre, siendo Behetría de Lara y de Haro.

En 1352 aparece de forma segura documentada en el Becerro de Behetrías bajo el régimen jurisdiccional del Abad de Bujedo.

Ya en 1785 el conde de Floriblanca solicita al intendente de Burgos la situación de todas las localidades de la provincia apareciendo Quintanalara como lugar de realengo del partido del Can de Muño.

Fue en el censo del año 1857 fue cuando más gente habitó en el pueblo con 244 personas.

Desde el año 1843 Quintanalara tuvo Ayuntamiento propio, perteneciendo al Partido Judicial de Salas de los Infantes, sin embargo en el año 1978 pasa a ser Junta Administrativa dependiente del Ayuntamiento de Revilla del Campo y por lo tanto al Partido Judicial de Burgos.

Actualmente en Quintanalara se ha apostado por el cultivo de Trufa. Se han cultivado varias hectáreas y se organiza todos los años una Feria de la Trufa en la localidad, donde se puede encontrar trufa fresca y artículos relacionados con el sector. Restaurantes de toda la zona participan en este evento ofreciendo menús especializados.

Patrimonio cultural

La iglesia de San Pantaleón, médico nacido en Nicomedia el cual fue mártir por defender su fe. Al ser decapitado su sangre dio vida a una higuera seca. En el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid cada 27 de julio su sangre que se conserva en estado sólido se licuefacciona. La iglesia se inicia en el siglo XVI en estilo tardogótico,  con la construcción de la nave central y posiblemente parte de la torre. En el siglo XVIII y de estilo gótico se añaden dos naves a la central una por cada lado, añadiendo de igual forma la sacristía y acabando la torre.

Patrimonio etnográfico

Es junto a Retuerta, uno de los únicos pueblos que conservan la tradición del carboneo. La elaboración de carbón vegetal ha tenido presencia en Quintanalara durante cientos de años. Los vecinos mantienen un fuerte vínculo con su monte de encinas. Aquí cada vecino era carbonero, pero este estilo de vida fue desapareciendo con la aparición de combustibles fósiles. El oficio se mantuvo vivo ya que la ganadería y agricultura no era suficiente para el mantenimiento de la economía familar. Los trabajos para obtener carbón vegetal comienzan allá por el mes de octubre cuando se reparten las suertes. Tras varios meses, los cuales se corta la leña y se acarrea a la carbonera, en el mes de mayo se apila la leña en forma de cono. Una vez cubierto el horno por capas, paja en primer lugar y después tierra, se procede a prenderlo. A primera hora de la mañana y siguiendo el ritual del carbonero se vierten ascuas por el ojo de la chimenea, atacándolo con picadillo varias veces al día para que empiece prender la leña. Este proceso de combustión anaerobia transforma la leña en carbón vegetal, evaporando casi el cien por cien del agua. La cocción dura varios días dependiendo de la cantidad de leña que se haya apilado. De cada cuatro o cinco kilos de leña se transforman en uno de carbón.

Arquitectura tradicional

Quintanalara conserva el Potro, la Fuente, el pilón  y su lavadero, que no tiene techo, al contrario que ocurre en la mayor parte de pueblos de la Sierra de la Demanda.

Este Potro se ha habilitado como biblioteca (Entrelibros) que está abierta las 24 horas los 365 días del año. Más que una biblioteca se trata de un espacio para el intercambio de libros, que cuenta con más de 16.000.

La biblioteca, además, es un punto de encuentro cultural, con presentaciones de libros y actividades.

Demografía

La localidad ha sido duramente castigada en la actualidad por la despoblación. De los 244 habitantes con los que contaba en 1857, ha pasado a 33 según el INE de 2020.

Naturaleza y rutas

Escondido entre la frondosidad del encinar aparece el valle los riscos Peñadobes. Un cortado que discurre de levante a poniente de apenas medio kilómetro nos descubre la capacidad erosiva de los agentes atmosféricos. Entre piedras que se han desprendido del roquedo y por una senda que discurre por el valle, el que se asoma a ver este singular espacio, no se marcha indiferente. Riscos alzándose hacia el cielo, cuevas refugio de animales, peñas altivas, encinas cómplices de la historia, leyendas, rituales…. envuelven los misterios de los Riscos Peñadobes.  En la cercana localidad de Revilla del Campo se le conoce al paraje como desfiladero de los Castros. Ambos nombres hacen referencia posiblemente a la existencia de un poblado celta que se asentó en estas peñas.

Destaca también la conocida Fuente Tabladillo, enclavada en un lugar donde se asentaba el despoblado que lleva su nombre. Se trata de un potente manantial, que es uno de los nacimientos del Río Ausín.

Camino de San Olav. Este camino atraviesa Quintanalara procedente de la Catedral de Burgos en dirección a la capilla de San Olav en el término municipal de Covarrubias.

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