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Pradoluengo

La Villa Textil es la cabecera comarcal del norte de la Sierra de La Demanda

Pradoluengo se sitúa a 48 kilómetros de Burgos, ciudad desde la que se accede mediante la N-120 hasta Ibeas de Juarros, donde el desvío de la BU-820 nos llevará hasta la BU-813 que nos dejará en Pradoluengo. A 12 kilómetros en dirección norte se encuentra Belorado, y a 75 kilómetros al este, Logroño.

Pradoluengo se asienta en un estrecho y frondoso valle en la vertiente norte de la Sierra de la Demanda, recorrido por el Río Pradoluengo o más conocido como Oropesa, que tributa sus aguas al Tirón, afluente del Ebro. Su núcleo urbano se localiza entre acusadas pendientes que se abren a medida que se extienden hacia el norte. Su término municipal ocupa una extensión de 30,54 km2, en la que está incluida la superficie de la entidad local de Garganchón, perteneciente al Ayuntamiento de Pradoluengo

La Villa se encuentra a 962 metros sobre el nivel del mar. Desde el monte Remendía hasta la Boca del Gato uno de sus puntos más bajos hay unos 1.000 metros de desnivel, lo que da una idea del perfil accidentado de su orografía.

HISTORIA Estas tierras estuvieron habitadas desde antiguo por tribus celtibéricas como los autrigones y los berones. Ya en la Edad Media su Valle fue repoblado por vasallos de nobles castellanos entre los siglos IX y X. El origen alavés y vizcaíno de estos colonos explica la fijación de los abundantes topónimos en lengua euskara que existen en la zona: Ygutia, Ordiquia, Putxa, Licuarana, Bagadia, Zubiaga,  Celecua, Vizcarraya y un largo etcétera. A lo largo de la baja Edad Media perteneció -como el resto de los trece lugares del Valle de San Vicente en el que se englobaba Pradoluengo-, al mayorazgo de los Condestables de Castilla. En 1720 se constituyó como villa, por decreto de Felipe V y tras el pago del correspondiente título.

Ya en el siglo XVI se aprovechaba la corriente del Río Oropesa para poner en funcionamiento las ruedas que movían batanes e hilaturas. Además, el agua servía para el proceso de tintado. El tejido pradoluenguino por excelencia, por el que se conoció a este lugar en el resto de España, fue la bayeta. Resulta significativo que la parte más antigua de la villa se sitúe en la zona más sombría, pues se dejó la vertiente soleada para el secado en las ramblas (estructuras metálicas con púas), tanto de la materia prima (lana), como de los tejidos manufacturados (bayetas, sayales y paños). Sin duda, fue el siglo XIX el de mayor prosperidad de esta industria textil, alcanzando la localidad su máximo poblacional alrededor de 1860 con 2.980 habitantes. La caída en la venta de bayetas en el último tercio decimonónico, trajo consigo una reconversión productiva entre 1885 y 1915 que llevó a Pradoluengo a especializarse, primero en la fabricación de boinas y fajas y, posteriormente, de calcetines, prenda insignia de su industria textil hasta la actualidad. Este sector se ha visto afectado gravemente por la globalización, que ha hecho que la industria textil China se haya apoderado del mercado, llevando a la mayoría de las fábricas de calcetines a cerrar. A consecuencia de esto, se ha visto agravado el proceso de despoblación, hasta quedar en 2019 1146 habitantes censados.

ARQUITECTURA TRADICIONAL Su trazado urbano adopta la forma alargada del valle, con calles principales de dirección longitudinal (como la antigua Calle Mayor que iba desde San Martín hasta Barría) y secundarias transversales (como la del Arroyo Vecino), con fuerte pendiente. En la parte más antigua se conservan las mejores muestras de arquitectura tradicional. Del conjunto urbano destaca la Calle del Arzobispo, bautizada popularmente como “Acera de los Ricos”, donde se ubican varios palacetes de estilo indiano y casonas de la pequeña burguesía local que datan de los siglos XIX y principios del XX.

PATRIMONIO MONUMENTAL La iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, fue erigida entre 1822 y 1827 sobre una anterior de estilo gótico de la que quedan escasos vestigios. Se conservan en ella varios retablos de antigua factura, así como los seis pasos procesionales de Semana Santa. La ermita de San Roque de la que hay documentación desde el siglo XVII fue reformada a finales del siglo XIX. Situada en el casco urbano, guarda la imagen del Patrono, que sale en procesión cada 15 de agosto cubierto de uvas y panes. La antigua ermita de San Bartolomé, reformada así mismo a finales del siglo XIX, se encuentra a las afueras de la villa y fue durante la Edad Media y Moderna el lugar de reunión del Concejo del Valle de San Vicente. La ermita de San Antonio, promovida por una familia particular en el siglo XIX, se encuentra frente al pago de Mariquimenea, de resonancias sagradas. La imagen del santo es muy venerada por los pradoluenguinos quienes cada 13 de junio celebran una popular romería en su campa

TRADICIÓN Quizás por su arraigada conciencia sectorial, lo cierto es que el espíritu asociativo en la Villa es sensiblemente superior a la media. Asimismo, la mujer -tradicionalmente relegada en las zonas rurales-, ha desempeñado un papel de importancia en la vida económica y social de la localidad, tanto en la toma de decisiones empresariales como políticas. La Mujer Trabajadora cuenta en Pradoluengo con su propio monumento, inaugurado en 2003. En Pradoluengo existe la Asociación Cultural Recreativa Oropesa (ACRO), que entregó el premio “Calcetín del Año” a personalidades distinguidas en la defensa de la Humanidad y la Cultura, recibiéndolo desde 1989 entre otros Felipe González, Joan Manuel Serrat, Alfredo Krauss o Nuria Espert. La tradición musical de Pradoluengo es también muy rica y notable. La Banda Municipal es la más antigua de la extensa provincia de Burgos, desarrollando su labor desde 1873. El Coro parroquial fundado a finales del siglo XIX y el Grupo de Danzas gozan hoy de buena salud y pasean con orgullo el nombre de la Villa por muchos rincones de España.

NATURALEZA Y RUTAS Los amantes de la Tierra, podrán encontrar en este verde valle de la Sierra de la Demanda, bosques de hayas y pinos, acebos y robles, intercalados en un auténtico cuadro impresionista, pleno de colores nunca vistos, de matices dignos de recordar.

Hay una pequeña senda que parte desde la localidad, siguiendo el curso del Oropesa. Se conoce como “Senda de los Batanes” ya que recorre los lugares donde se asentaban antiguamente las fábricas donde se abatanaban o compactaban los paños, que aprovechaban el agua para desarrollar su actividad. Pocos restos quedan de los batanes, y ahora la naturaleza es la protagonista del Oropesa y sus orillas.

Nacedero del río Oropesa. Discurre esta ruta paralela al río Oropesa que durante tantos años fue el motor principal de la actividad textil de la villa. Testigos mudos de aquella época son los batanes todavía existentes, en el camino hacia la Pasada. Los prados de “diente y siega” delimitados por setos vivos de sauces y chopos, acompañan al caminante en tan grato paseo. Es en la parte más pendiente, cercana ya al nacedero, donde sobrecoge la belleza del hayedo

Senda Fuente Berrugaña. La Muñeca. En este sendero, la frondosidad del hayedo da paso a un espléndido mirador natural sobre buena parte de la Sierra de La Demanda, la Cruz de Guirnaldo, desde donde el paisaje se muestra grandioso. Como el resto de los senderos tanto la primavera como el otoño son estaciones propicias para caminar, los contrastes cromáticos son constantes y la diversidad de la flora llena de interés cualquier paseo. El pinar también se hace presente, en este caso a base de pino negro, entre abundantes mostajos y abedules.

Bagadía, Hoyo Encimero Avanza la subida y nos vamos introduciendo en el pinar, donde será fácil sorprender o ser sorprendido por el corzo o el jabalí. Cerezos silvestres, serbales y sauces crecen en busca de la luz en los pequeños claros y bordes de pista. A mitad del recorrido damos vista al valle de Fresneda, dominando en frente las buitreras de San Vicente. Por último recorremos la dehesa de Santa Olalla rica en especies vegetales, donde destaca por su porte arbóreo el azcarrio o arce (Acer campestre L.), tomando en otoño vivos colores ocres y rojos

 

Garganchón

Este pequeño pueblo, pedanía de Pradoluengo, está enmarcado en un bonito entorno natural. Desde Garganchón se divisa una de las panorámicas más espectaculares de la vertiente norte de la Sierra de la Demanda.

Bañado por el Urbión y a la sombra de los montes de conglomerados calcáreos que se van estrechando hacia Belorado. La etimología de Garganchón es por tanto muy clara: garganta estrecha.

ARQUITECTURA TRADICIONAL Destaca en el casco urbano su cuidado caserío al más puro estilo de construcción serrana popular. De una de las casas del pueblo, llamada Fuente las Yeguas, mana curiosamente el agua.

POBLACIÓN Y DEMOGRARÍA De Garganchón es destacable la Fiesta de San Tirso en la que son famosas sus apuestas al juego de la taba. Hasta finales de la Edad Media entre Soto del Valle y Garganchón existió el lugar de San Pedro de Arceledo, conocido por la belleza de sus mujeres a la que sucumbieron los reyes castellanos. Todavía hoy en día se puede oir el dicho de que “Ni aún en Toledo hay mozas como en San Pedro Arceledo”. A mediados del siglo XIX, Garganchón presentaba la nada despreciable cifra de 251 habitantes, en el 2019 están censadas sólo 17 personas.

NATURALEZA Y RUTAS El bosque de ribera de Garganchón es uno de los mejor conservados y más variados de toda la provincia, destacando el sendero del desfiladero de Garganchón  que discurre en su primera parte por la garganta que da nombre al pueblo y que fue horadada por el río Urbión. Sus aguas constituyen un grato acompañamiento durante buena parte del recorrido. Covanegra es un testimonio de la presencia ganadera en la zona. En ella se refugian importantes rebaños de ovejas. Y las vistas panorámicas que se obtienen del conjunto de la sierra de La Demanda desde el páramo que se extiende sobre el desfiladero son inigualables.